SINOPSIS:
Mario, un hombre de 50 años, en su trabajo realiza las autopsias de los cadáveres que llegan a la morgue central de Santiago de Chile. Entonces, en 1973, el ejército chileno da un golpe de estado y su vecina Nancy, bailarina de cabaret, desaparece sin dejar rastro. Cuando los golpistas llegan a su casa, montan en cólera por no encontrar a Nancy, así que arrestan al padre y al hermano, simpatizantes del Partido Comunista y de Salvador Allende. Mientras los cadáveres son apilados en las calles, Mario sólo tiene un pensamiento en la cabeza: encontrar a Nancy antes de que sea demasiado tarde, ayudarla y llevarla a un lugar seguro

TITULO ORIGINAL: Post Mortem
GÉNERO: Drama
AÑO: 2010
PAIS: CHILE
DIRECTOR: Pablo Larraín
GUION: Pablo Larraín
ELENCO: Alfredo Castro, Amparo Noguera,
Jaime Vadell, Antonia Zegers, Marcelo Alonso

Pablo Larraín se ha caracterizado por hacer películas poco convencionales, poco comerciales; como diríamos más fácilmente (aunque no con tanta precisión), películas alternativas.

Tenemos al fetiche del director, el gran actor Alfredo Castro (ha actuado en los tres largometrajes de Larraín) que se repite el papel protagónico, esta vez como funcionario de la morgue. Bucólico, ido, de pocas palabras y gestos. Un personaje interesante por su misterio, pero a la vez bastante irreal.

Todo ocurre pre y post golpe de Estado, y si bien los planos generales no lo son tanto (siempre hay edificios o calles cerradas) abunda una atmósfera silenciosamente trágica y tétrica en los minutos de la cinta.

“Post mortem” es un grito apagado en un ambiente viciado. Un ambiente más que conocido para el país. Un ambiente que en esta oportunidad, si bien es uno de los momentos históricos que marcaron nuestra historia, pasa a un segundísimo plano. Lo importante es Mario Cornejo (Castro).

Es imposible empatizar con los personajes. Actos toscos, diálogos escasos y reiterativos, emociones expulsadas a presión, pueden hacernos pensar que todo está mal elaborado en la película.

Pero lo importante es darse cuenta también que su director juega con la metáfora, con el simbolismo (en “Fuga”, su ópera prima, el piano era más simbólico que físico) presente en dos escenas separadas, pero unidas por toda la fuerza emocional que las acompaña: el huevo frito.

Y en eso se centra Larraín para entregarnos un guión más adulto que el de la recién mencionada película, pero con una carga emotiva supeditada a la contemplación en pos de la acción. No pasa mucho, pero lo que pasa es importante. Y lo importante son los detalles.

Si logramos comprender el cine de Larraín con estas premisas, podremos disfrutar de un producto sobrio, aunque lejos de ser un trabajo muy pulido. La tosquedad visual y de los personajes también está presente en todos los elementos de la película, convirtiéndola en un producto de difícil digestión.

Si no poseemos una amplitud de criterio para verla, “Post mortem” se puede convertir incluso en la película más fome del año. Sin otro mejor adjetivo para describir un desarrollo lentísimo, un casi excesivo uso de las cámaras fijas y un tufillo a desolación que aletarga aún más la historia.

Pablo Larraín

Es interesante, conmovedora a ratos, pero no llega a emocionar, siendo demasiado irreal en la composición de los caracteres, y aunque sea a eso a lo que juega en parte el director, no entrega solidez ni saca provecho de los buenísimos actores del elenco.

Nota: 6/10.

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