SINOPSIS: El ilusionista no deja de comprobar día a día que lamentablemente pertenece a una categoría de artistas en vías de desaparición. Cada vez es más raro conseguir firmar un contrato, por ello se ve obligado a abandonar las grandes salas parisinas y parte con sus palomas y su conejo a probar suerte presentando su número de magia en países de habla inglesa, donde conoce a Alice, una joven que aún posee la capacidad de asombro característica de la infancia, la cual cambiará su vida para siempre.

No daré la lata, aunque con toda mi alma cinéfila me gustaría hacerlo. Pero debo pensar en ustedes amigos lectores y no seré muy rebuscado para esta crítica.

Hace algunos días llegó a la cartelera el filme de animación franco-inglés “El Ilusionista”“L’ Illusionniste” en su idioma original –dirigido por Sylvain Chomet –el mismo tras la película del 2003 “Las trillizas de Belleville –y cuyo guión original pertenece a Jacques Tati adaptado en parte por el mismo Chomet.

La historia es simple y si bien escasean los diálogos –la mayoría de los cuales son casi meros balbuceos sólo para demostrar interacciones –podemos fácilmente ir comprendiendo todo lo que se desarrolla en sus rápidos 76 minutos.

La crítica presente en “El Ilusionista” es clara. Más allá de demostrar el arte del ilusionismo básico en desprecio por parte de la sociedad, nos integra en una mirada que se lamenta de la excentricidad de la modernización. Con una estética anticuada que calza a la perfección con el relato que nos cuenta y una musicalización perfecta.

Pero así como hay de melancolía y tristeza por parte de Tatischeff –el ilusionista y obvia alusión al mismo Tati–, también la película deja una promesa positiva con Alice –la joven que lo acompaña –y nos entrega una historia profunda y sincera, justo homenaje para Tati por parte de Chomet.

Así, “El Ilusionista” navega por aguas que muy pocos se atreven a cruzar, y nos encontramos por momentos con todo lo bello del cine de Miyazaki y por otros con ese poder que tiene el cine mudo donde lo físico, la expresión, el ademán, dicen más que un millón de palabras y con temáticas muy bien tratadas como la amistad y el amor paternal.

Lo único malo es un par de secuencias –y digo secuencias, o sea, unos segundos –realizadas digitalmente que no se condicen con el resto del metraje, pero es como buscarle la novena pata al gato. Todo lo demás, perfecto.

Y si bien la están dando en algunas salas –Hoyts La Reina, Cinemark Alto Las Condes y Plaza Oeste y Cine Arte El Biógrafo –es una película simplemente hermosa, emotiva y que deja a través de su claro y directo mensaje la esperanza -y ciega confianza en mi caso –que no se necesitan superproducciones millonarias para llegar al corazón del espectador.

Director: Sylvain Chomet
País: Francia / Inglaterra
Año: 2010
Duración: 1h 16m.

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