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Cine: Comer, rezar, amar

Creo que no veía una película de Julia Roberts desde “Closer”, y esa la vi en dvd. Ella es la protagonista de uno de los estrenos de la semana: “Comer, rezar, amar”, basado en un best seller con las memorias de Elizabeth Gilbert. Dirigido por Ryan Murphy (“Nip/Tuck”, “Glee”) y co-protagonizado por James Franco (“Spiderman”) y Javier Bardem (“Mar adentro”, “Sin lugar para los débiles”).

La heroína del film es, como deben suponer, Liz Gilbert (Roberts), una escritora que decide poner fin a su matrimonio de 8 años con el insulso Stephen (Billy Crudup). Luego de perder casi todo en el proceso de divorcio, decide abandonar su previsible existencia y embarcarse en un viaje por el mundo para comer (en Italia), rezar (en la India) y amar (en Bali).

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En este film, que sintoniza con ciertas líneas del cine “femenino” hollywoodense que viene imponiéndose desde un tiempo, combina gastronomía, erotismo, misticismo y espiritualidad (duelo, arrepentimiento, perdón, iluminación, meditación, devoción) y -claro- frases célebres y lecciones de vida. No quiero sonar cínico al respecto. Sólo mencionar que es un filme para cierto tipo de público –léase mujeres de mediana edad y/o con tendencias al new-age espiritual- pues en parte es como ver Travel Channel –con una hermosa presentadora- y en parte ver escenas de Sex and the city. Lo que es un verdadero mérito es que no aburre, pues dura poco más de dos horas y al menos me mantuvo pendiente hasta el final sin cabecear en ningún momento. Y esto es un acierto de Murphy, principalmente por el aderezo presente en gran parte de la película: el humor. Logra equilibrar un entretenido viaje espiritual y de redescubrimiento interno, con un humor fresco y con personajes interesantes, como Richard “from Texas”, interpretado por el gran Richard Jenkins (“Querido John”, “Quémese después de leer”).

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La película está bañada de femineidad. La fotografía es sobria y maravillosa, los personajes femeninos un poco sosos y los masculinos o ridiculizados o cerrados, los diálogos son extremadamente perfectos y el propio desarrollo de la protagonista parece no avanzar demasiado, llegando a molestar, pero ahí aparece la sonrisa de Julia Roberts y por un rato uno se olvida de lo demás. Con esto digo que ella es perfecta para el papel, pues irradia un ángel único en una película cuyo personaje no es el que cause más empatía con el espectador. El paso de varios personajes secundarios en las distintas locaciones también ayuda a que la película no sea un aburrimiento eterno, y aporta a la historia algo de las diferentes culturas mostradas en las imágenes. Franco personifica uno de los papeles más olvidables de su carrera, sin brillo interpretando a un actor de teatro. Bardem como latin-lover brasileño, la verdad es que no pega mucho. Y como que al lado de Roberts no tiene mucho atractivo, pero su personaje, sin ser muy complejo, es el equilibrio para la protagonista y logran cierta chispa juntos. Pero no la suficiente para traspasar por la pantalla aquella química.

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El argumento de “Comer, rezar, amar” no ofrece sorpresas, está orientado al público femenino señalado anteriormente, utilizando bellos rostros –no sé Bardem- y una historia simple, plana, pero muy bien contada. Y si bien muy pocas escenas están de más, podría haber sido una película más corta. No busca ser una película demasiado profunda, sino que lo que ofrece lo entrega, y cumple como una historia romántica, con más crisis y dudas que amor, y ayudada notablemente por el gran trabajo de fotografía. Inclusive el director se da el lujo de mostrar el lado menos amable de cada locación con cortas secuencias donde podemos ver pobreza, un marcado –y trillado- machismo y la intolerancia. Sutilmente mete aquellos tópicos en la historia y se agradece. Al menos para los que no somos seguidores de este tipo de películas.

Sobre Abelka


Twitter: @AbelCain11 Correo: abelka@galadnor.cl Autodidacta casi siempre. Co-administrador. Amante del cine, de los libros y de la música. Y aunque casi siempre reclama y anda con la weá, apoya el carpe diem.