La noche del demonio: Están entre nosotros – Una expansión de la mitología de la franquicia

Ayer jueves 20 de agosto se estrenó en cines “La noche del demonio: Están entre nosotros”, gracias a Andes Films Chile. Esta es la sexta entrega de la reconocida saga de terror producida por Blumhouse y Atomic Monster, estudios detrás de los recientes hits de terror Obsesión y Backrooms.
La cinta se centra en Gemma, una joven madre que descubre que puede viajar al Más Allá y traer de vuelta al mundo real a las almas que habitan allí, convirtiéndose en el objetivo de peligrosas entidades demoníacas.

La noche del demonio: están entre nosotros tenía una oportunidad bastante interesante entre manos: después de cinco entregas, la franquicia abandona a la familia Lambert para introducir a Gemma, una joven madre interpretada por Amelia Eve, y explorar una nueva posibilidad dentro de su mitología.
La protagonista no solo puede entrar al Más Allá, sino que también puede traer de vuelta al mundo real aquello que habita allí. Esta modificación de las reglas resulta, probablemente, uno de los elementos más estimulantes de la película: por primera vez, la amenaza no consiste únicamente en cruzar hacia el otro lado, sino en permitir que el otro lado cruce hacia el mundo de las personas vivas.
La película aprovecha esta nueva premisa para construir un relato centrado en el trauma y, especialmente, en los miedos asociados a la maternidad. Gemma regresa a la casa de su infancia junto a su hija y debe enfrentarse tanto a los fantasmas de su pasado como a las entidades que comienzan a perseguirla. Amelia Eve consigue sostener buena parte del peso dramático de la historia, y su interpretación es uno de los elementos que más ayudan a conectar con una protagonista que debe proteger a su hija mientras intenta comprender sus propias capacidades.
Y aquí aparece uno de los aspectos que más generan interés: la expansión de la mitología del Más Allá. La película introduce una nueva clase de personajes capaces de desplazarse entre ambos mundos y, más importante todavía, de transportar objetos e incluso entidades de un lado al otro. Es una idea que amplía considerablemente las posibilidades del universo de Insidious y que, en sus mejores momentos, consigue recuperar esa sensación de descubrimiento que tenía la primera película. El problema es que el guion dedica demasiado tiempo a explicar sus propias reglas, restándole misterio a aquello que debería resultar inquietante. La nueva mitología tiene potencial, pero termina siendo excesivamente explicada y en ocasiones confusa.
Afortunadamente, Jacob Chase demuestra que sabe construir algunas situaciones genuinamente incómodas. Hay secuencias visualmente imaginativas y momentos en los que la película consigue convertir espacios cotidianos en escenarios perturbadores. Se destacan algunas de sus imágenes más extrañas y creativas, además de una atmósfera que funciona especialmente bien cuando la cinta abandona la exposición y simplemente deja que las imágenes hagan su trabajo.
Sin embargo, el problema aparece cuando Están entre nosotros necesita desarrollar su historia. La película parece tener varias ideas interesantes, pero termina acumulando explicaciones, conexiones mitológicas y motivaciones que vuelven la trama más enrevesada de lo necesario.
También resulta difícil ignorar el desgaste de la fórmula. Los sustos funcionan mejor cuando la película construye tensión y aprovecha aquello que no se puede ver, pero pierde fuerza cuando recurre a jumpscares previsibles.
El regreso de Lin Shaye como Elise también funciona como un puente emocional con las películas anteriores. Su presencia aporta familiaridad y encanto a una historia que, por lo demás, intenta comenzar una nueva etapa para la franquicia. Pero Están entre nosotros también demuestra que quizás lo más interesante de Insidious ya no sea repetir las reglas que conocemos, sino descubrir qué más puede hacerse con El Más Allá. La película resulta más estimulante cuando se atreve a modificar esas reglas que cuando intenta encajar nuevamente en la estructura clásica de la saga.

En definitiva, La noche del demonio: están entre nosotros es una entrega irregular, pero con ideas que merecían ser exploradas. Su nueva protagonista funciona, la ampliación de la mitología resulta atractiva y existen varias escenas capaces de generar verdadero desasosiego. Sin embargo, la película termina lastrada por un guion demasiado explicativo, una amenaza que pierde fuerza a medida que se revela y una fórmula de terror que ya empieza a sentirse conocida. No alcanza el impacto de la cinta original, pero al menos intenta abrir una nueva puerta dentro de un universo que, después de seis películas, necesitaba desesperadamente encontrar otra forma de entrar al Más Allá.