Serpiente: una novela que se atreve a mirar de frente la marginalidad, el deseo y la contradicción

Novedad editorial de octubre de Penguin Chile bajo el sello Alfaguara, “Serpiente” es el arrojado debut literario de Alfredo Andonie Kraushaar sobre la escena gay y trans del Chile de los años setenta.
El libro se centra en la historia de Baltazar, un joven prostituto que deambula por las calles de Santiago a fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, moviéndose entre plazas, bares y cabarets en busca de clientes.
“Tiene sed. Sed de ser cuerpo, de ser pulso y de ser carne. Sed de ser, serpiente”
Serpiente es una novela que sumerge al lector en el Santiago de fines de los años sesenta y comienzos de los setenta, una ciudad convulsa, contradictoria y marcada por tensiones políticas y sociales. En medio de este escenario, la historia sigue a Baltazar, un joven prostituto no originario de la capital, de aspecto juvenil y magnetismo irresistible, que se convierte en el centro de deseo y obsesión para varios personajes. Su vida se despliega entre plazas, bares, cines y cabarets, donde su cuerpo y su presencia se vuelven el punto de conexión —y conflicto— entre distintas clases, ideologías y mundos.
A lo largo de la novela, Baltazar está acompañado por una galería de personajes complejos y profundamente humanos: personas trans, militantes políticos, jóvenes burgueses y hombres atrapados entre el deseo y la culpa. Muchos de ellos sostienen rivalidades entre sí, pero todos están inevitablemente unidos por el deseo que los mueve y los destruye. Paradójicamente, el trabajo del autor con estos personajes secundarios es tan sólido que termina por opacar al propio protagonista, quien, a pesar de ser el eje de las miradas y pasiones, resulta emocionalmente distante y difícil de comprender o con quien identificarse.
La novela destaca por cómo entrelaza el despertar sexual y la búsqueda de identidad con las tensiones políticas del Chile de la época. Algunos personajes viven la contradicción de explorar su deseo homosexual en medio de una sociedad marcada por la represión y las diferencias ideológicas, mientras otros atraviesan procesos de autodescubrimiento que los obligan a confrontar su propio lugar en un país en transformación. Este entrecruce entre lo político y lo íntimo da forma a una narrativa donde la libertad se busca tanto en la calle como en la cama.
El autor consigue, además, construir un retrato vibrante del Santiago de aquellos años. Escenarios como el café restaurante Il Bosco, los juegos Diana y la Plaza de Armas funcionan no solo como telones de fondo, sino como espacios vivos donde se cruzan los caminos de los personajes. Son lugares de encuentro, de deseo y de resistencia, que condensan la energía y el caos de una época que estaba a punto de estallar.
La narración juega un papel crucial en la atmósfera de la obra. Aunque el estilo recurre con frecuencia a un lenguaje rebuscado y denso, lo que puede dificultar la lectura por momentos, logra construir escenas de gran potencia visual y emocional. Destacan especialmente aquellas en las que el autor superpone dos acciones en paralelo, generando una tensión cinematográfica y rítmica. Entre los momentos más memorables está la escena en que “los maricas se toman la Plaza de Armas”, un pasaje que combina irreverencia y fuerza simbólica, consolidando el tono provocador y poético del texto.
“Ernesto no quiere abrir los ojos porque no quiere recordar. Pero la memoria no necesita ojos”
En definitiva, Serpiente es una novela que combina erotismo, política y memoria para retratar un Santiago vibrante y convulsionado, donde los cuerpos y los deseos se cruzan con las ideologías y los miedos de una época. A través de una prosa densa pero poderosa, Alfredo Andonie construye un relato que se mueve entre la marginalidad y la belleza, entre la búsqueda de identidad y la necesidad de libertad.