El viaje de Chihiro: vuelve al cine para perderse otra vez y encontrarse

Gracias a BF Distribution desde este jueves 7 de agosto podremos disfrutar del reestreno de El Viaje de Chihiro, la primera película de anime en ganar un Oscar. La cual dará inicio al ciclo Mundo Ghibli, donde podremos disfrutar 11 películas del reconocido estudio de animación japonés. Esta cinta del aclamado director Hayao Miyazaki se ha convertido en un clásico moderno, no solo por su deslumbrante estética, sino por su poderosa carga simbólica y emocional.

Una historia sobre crecer en un mundo extraño
Para quienes aún no la conocen; la historia comienza con Chihiro, una niña apática y temerosa, que se ve arrastrada junto a sus padres a un mundo gobernado por espíritus, brujas y criaturas extrañas. Cuando sus padres son transformados en cerdos, Chihiro queda sola y debe trabajar en una casa de baños para sobrevivir y encontrar la manera de salvarlos. Lo que en un principio parece un viaje de supervivencia se convierte en un recorrido de autodescubrimiento.
Cada encuentro, cada criatura, cada desafío representa una parte del crecimiento personal de la protagonista. La pérdida de su nombre, el trabajo forzado, la relación con Haku, la amenaza de Yubaba… todo funciona como parte de un rito iniciático donde Chihiro, sin darse cuenta, deja atrás la niñez.
Una animación que respira
Visualmente, la película es una obra maestra. Cada plano está lleno de detalles, texturas y colores que no solo embellecen, sino que dan vida al mundo espiritual que habita la historia. Los paisajes y personajes tienen una organicidad poco habitual en la animación tradicional, haciendo que el universo de El viaje de Chihiro se sienta más real que muchos mundos de carne y hueso. Las criaturas que habitan este mundo —el Sin Cara, Kamaji, el Bebé gigante, los espíritus del hollín— no son meras rarezas visuales: son metáforas vivientes. No siempre sabemos qué representan exactamente, y no importa. Su fuerza está en lo que nos hacen sentir, no en lo que nos explican.
La música, compuesta por Joe Hisaishi, acompaña con una sensibilidad increíble cada momento del relato. Es una banda sonora que no impone emociones, sino que las susurra, las insinúa, permitiendo que florezcan de manera natural en el espectador.

Un mundo simbólico que no necesita explicarse
El viaje de Chihiro no ofrece respuestas. No nos dice “esto es así porque…” y eso la hace aún más poderosa. Hay una lógica interna, sí, pero es una lógica espiritual, intuitiva, como la de los sueños o las fábulas.
La película habla sobre la codicia, el trabajo, el valor de la memoria, el dolor del crecimiento, la fragilidad de la identidad en el mundo moderno. Pero nunca con discursos. Todo está sugerido. Miyazaki no subestima a su público: confía en que cada quien encontrará su propia lectura. Y eso es un gesto de respeto que se agradece, porque en esta misma revisión siempre los significados parecen ampliarse.

Reflexión
Yo la vi por primera vez cuando era niño. Me gustó, pero no entendí por qué. Hoy la vuelvo a ver, ya adulto, y entiendo que justamente de eso se trataba: de sentir antes que entender. De mirar el mundo con extrañeza, con asombro, con temor… pero seguir caminando. Seguir avanzando, incluso sin tener todas las respuestas.
En un tiempo donde todo se explica y todo se acelera, El viaje de Chihiro nos invita a detenernos, a respirar y a recordar la belleza de lo incierto.
Para nosotros es un 5/5 una película imperdible.
| Dirección: Hayao Miyazaki País: Japón Año: 2001 Duración: 125 minutos. | Elenco: Rumi Hiiragi, Miyu Irino, Mari Natsuki, Takeshi Naito,Yasuko Sawaguchi, Tsunehiko Kamijō Takehiko Ono, Bunta Sugawara |
Trailer
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