La vida que vendrá: la persistencia de imaginar algo distinto

La vida que vendrá es el segundo trabajo de Karin Cuyul, luego de Historia de mi nombre(2019), esta vez se trata de una propuesta reflexiva, pero también bastante esperanzadora.
Luego de su paso por su paso por el Festival de cine de Valdivia(FICValdivia) llega a salas nacionales este 7 de mayo a través de MIRADOC, la película construye un recorrido por las movilizaciones sociales que han marcado los últimos 50 años de Chile. Pero lejos de ofrecer una cronología clásica o una revisión meramente informativa, Cuyul apuesta por una exploración sensorial y emocional de la memoria colectiva.

Una memoria fragmentada que encuentra sentido en el caos
Uno de los grandes aciertos formales de La vida que vendrá está en su estructura.
La directora reúne grabaciones amateur, archivos oficiales y recuerdos que parecen incompletos, construyendo un relato que renuncia deliberadamente a la linealidad temporal. Las imágenes saltan entre décadas, cruzan distintos momentos históricos y conectan episodios aparentemente distantes bajo una misma pulsión emocional.
Es una decisión arriesgada, pero tremendamente efectiva porque la película entiende algo esencial: la memoria nunca aparece ordenada. Vuelve en fragmentos, en asociaciones inesperadas, en ecos que conectan pasado y presente.
A esto se suma una elección visual particularmente poderosa: el uso del color. Que la misma directa destaca desde un comienzo, ya que solemos mirar imágenes del pasado siempre en blanco y negro
En lugar de revestir su archivo de una distancia museística, el documental presenta estas imágenes con una vitalidad que las vuelve urgentes, cercanas, casi contemporáneas. Lo que podría sentirse como pasado se instala con fuerza en el presente, recordándonos que muchas de las preguntas que cruzaron generaciones anteriores siguen abiertas.

Una esperanza honesta, lejos de la ingenuidad
Quizás lo más valioso de La vida que vendrá es que no cae en la trampa de ofrecer respuestas fáciles.
No romantiza las luchas sociales ni maquilla sus frustraciones. Muy por el contrario, reconoce el desencanto, la repetición histórica y el desgaste que implica volver a depositar esperanza una y otra vez.Pero precisamente desde esa lucidez emerge su mayor fuerza.
La película construye un diálogo intergeneracional que revela cómo, incluso en los momentos más adversos, persiste la capacidad de imaginar un futuro distinto.
No es una esperanza ingenua ni complaciente. Es una esperanza consciente de las heridas, de los retrocesos y de los ciclos, pero que aun así se niega a desaparecer.

En conclusión
Con La vida que vendrá, Karin Cuyul entrega un documental que interpela, conmueve y obliga a mirar nuestra historia reciente desde otro lugar. Quitando el pesimismo y frustración (con el alza de la ultraderecha que odio con todo mi ser) que muchos podríamos tener a cada intento de cambio fallido, y recordando que vale la pena seguir pensando con lo que podría venir.
| Dirección: Karin Cuyul País: Chile y Colombia Año: 2025 Duración: 92 minutos | Producción ejecutiva: Joséphine Schroeder, Miguel Yilales, Jerónimo Atehortúa, Juan Sebastián Mora Baquero y María José Alarcón Ardila |