Primate: Sangre, señas y animal horror

Un chimpancé con rabia que se vuelve un asesino, quizás esa premisa pueda parecer simple; pero si se trata de alguien a quien amamos y deja de reconocernos… Este es uno de los primeros aciertos que tiene esta película que a pesar de parecer un slasher clásico tiene muchos puntos a destacar.

Un drama familiar que muerde
La premisa podría sonar conocida: un animal cercano se vuelve una amenaza tras ser infectado. Sin embargo, Primate se toma un tiempo valioso en algo que muchas películas del subgénero suelen ignorar: construir el vínculo antes de romperlo. Conocemos a Lucy (Johnny Sequoyah), quien regresa a su hogar en Hawái tras un período de distancia emocional, solo para reencontrarse con una familia que ha encontrado estabilidad en Ben, un chimpancé que no es una mascota, sino un integrante más del núcleo familiar.
La intimidad que se genera entre los personajes y el futuro asesino es un gran acierto. Troy Kotsur, ganador de un Óscar por su papel en CODA; ahora interpreta al padre de la familia. Su presencia no solo aporta peso dramático, sino que redefine la relación humano-animal a través del lenguaje de señas. La comunicación con Ben no es un truco narrativo ni un detalle pintoresco, sino el corazón emocional de la historia. Roberts entiende que mientras más humano se vuelve Ben a nuestros ojos, más devastadora será su transformación posterior. Y lo es.

El triunfo de lo tangible
En tiempos donde el CGI se ha vuelto la solución fácil. Primate apuesta decididamente por lo físico. El uso de animatrónicos y efectos prácticos para recrear a un Ben infectado es una decisión que dio un muy buen resultado. Hay peso en su cuerpo, torpeza en sus movimientos alterados y una violencia impredecible que no se siente coreografiada, sino peligrosa.
Cuando la rabia toma el control tras la fatídica mordida, la película muta: deja atrás el drama íntimo para convertirse en un slasher de espacios cerrados. Pero no uno cualquiera. Ben no es un asesino torpe ni una bestia sin estrategia; su inteligencia lo convierte en un cazador letal. Cada ataque se siente pensado, casi cruel, y la cámara de Roberts sabe cuándo mostrar y cuándo sugerir, confiando más en el sonido, la respiración y el fuera de campo que en el impacto inmediato. Y el momento de cada asesinato es un espectáculo de violencia y gore.
Atmósfera, sonido y tensión constante
La casa en que se desarrolla la historia es perfecta. Generando pasar de una fiesta luminosa, juvenil y despreocupada a una verdadera pesadilla sofocante. Roberts utiliza el contraste entre la música, el agua y la violencia para generar una incomodidad persistente, mientras el diseño sonoro amplifica cada chapoteo, cada grito y cada golpe.
Es en estos pasajes donde Primate demuestra que no necesita reinventar el género para destacar. Sabe manejar el ritmo, construir tensión sostenida y aprovechar los espacios domésticos como trampas mortales. La casa deja de ser refugio y se convierte en jaula.
Luces, sombras y decisiones cuestionables
No todo es perfecto. El guion, por momentos, cae en algunos de los lugares comunes del terror adolescente: personajes que toman malas decisiones(para no decir que son tontos) para que la trama avance, diálogos funcionales y conflictos secundarios que no siempre se desarrollan del todo. Sin embargo, estas debilidades nunca terminan de desviar la experiencia, en gran parte gracias a una dirección firme y consciente de sus propias limitaciones.
Roberts parece saber exactamente qué película está haciendo y no pretende más de lo que ofrece. Y eso, en un panorama saturado de cine pretensioso se agradece.

Conclusión
Primate es una montaña rusa de 89 minutos que entiende que el terror más efectivo es aquel que se siente real, casi palpable. Es visceral, cruda, excelente para pasar un gran momento sin necesidad de sobrepensar.
| Dirección: Johannes Roberts País: Estados Unidos Año: 2025 Duración: 89 minutos. | Elenco: Johnny Sequoyah, Jessica Alexander, Troy Kotsur, Victoria Wyant, Gia Hunter |