Todos los lectores de fantasía sabemos que es un género que no la tiene muy fácil en Chile (aunque no sea un género como tal, se entiende). Muchas veces se dice que la fantasía en Chile no vende, o, que la fantasía escrita por personas chilenas no vende. Hoy les traemos la entrevista de uno de los autores más recientes que se han aventurado en este difícil medio: Tristán Radić, alumno de Ingeniería Civil Matemática que con solo 19 años publicó su primer libro.

Tristán Radic con un ejemplar de La última fracción (Fuente: La Tercera, Crédito: Roberto Candia)

En diciembre del año pasado Tristán publicó La última fracción de mano de Ediciones SM Chile. La primera parte de una saga de fantasía, aquí les dejamos la sinopsis: 

SINOPSIS: ACABA DE DESPERTAR LA ÚLTIMA FRACCIÓN. Aunque todos lo esperaban, nadie sabe si esto es buena señal o el fin de los reinos de la Tonina. Anígoran, desde que tiene memoria, vive en la clandestinidad, buscado por la Guardia Civil de Erathot. Su vida agitada contrasta con la paz en la que viven los reinos de la Tonina desde la caída de Dóhernaz y su imperio, hace más de mil años.
Sin embargo, la historia solo puede contarse desde el momento en que Anígoran conoce a Inaza’Kimbourg, apenas más joven que él, y surge entre ellos una secreta amistad. Inaza es noble, y ser sorprendida con Anígoran podría ser letal para ambos. 
En medio de un mundo cuya paz se ve amenazada, serán testigos del renacer de poderes olvidados, de antiguas y siniestras ambiciones, y tendrán que luchar contra aquellos que quieren separarlos. 

Gracias a Ediciones SM Chile pudimos entrevistarlo para que lo conozcan un poco más y se animen con el libro. 

1.¿Cómo fue el proceso de creación de La última fracción?

No sería capaz de describir el proceso de creación de La última Fracción, no sé cómo surgen las ideas, sólo sé que son caóticas y que cuesta más ordenarlas que tenerlas. El papel te exige orden y eso no es tarea fácil. Aunque eso tampoco es tan verdad, en mi caso cuando empecé a escribir La última Fracción, tenía todo preestructurado y solo tuve que teclear. Fue una especie de vomito placentero, todo fluía y veía como algo que rondaba por mi cabeza desde hacía mucho tiempo empezaba a plasmarse físicamente. Mi cabeza había hecho el trabajo previamente y de manera autónoma, las ideas matrices y los grandes eventos de la historia estaban fijados y bien definidos, sólo tenía que unirlos con palabras. No existía nada más placentero que escribir sin censurarse, fantasear tranquilo, y luego ver el trazo de esa fantasía en el papel.

2. Respecto a la publicación de tu libro, ¿cómo fue la relación con tu editor o editora? ¿Cuáles eran sus consejos al momento de editar o modificar alguna parte de tu libro?

Antes de presentarlo a SM, mi editorial, le pasé el texto a mi tía Sandra y ella de forma muy profesional corrigió una serie de errores, sobre todo de ortografía. Tengo pésima ortografía y muchas veces me da vergüenza, porque la gente espera que los escritores sean una especie de diccionario orgánico. Cuando firmo un libro, me cuestiono mil veces si esa palabra tiene tilde o no, con ‘s’ o con ‘c’…

Después de corregir esos múltiples errores me atreví y presenté La última Fracción, a Sergio Tanhnuz de SM y me sorprendió mucho que le haya gustado en seguida, así me quedé en SM. Tenía 17 años.
Durante la corrección, uno de los aspectos que se destacó fue que tendía a cuantificar todo, sin que realmente los números de tal cosa fueran relevantes. –No sé si tenga algo que ver con estar estudiando ingeniería civil matemática–. Cuando leo una novela los números no representan realmente una cantidad precisa, aunque el autor quiera insistir con la precisión, sino que ilustran una idea abstracta, ya sea abundancia, escasez, brutalidad, riqueza… Así, para mí, los números no son un dato duro. Con ese paradigma, inconsciente, escribí La última Fracción y no sólo cuantificaba, sino que además tendía a la exageración, para recalcar lo que quería mostrar. Yanina Piñones, mi editora, tenía una relación distinta con los números y realmente en muchos pasajes no tenía sentido cuantificar las cosas y fuimos reemplazando por expresiones más vagas como “múltiples”, “varios”, “unos cuantos”… Sin embargo, en el libro sigue habiendo pasajes como “le dio millares de golpes rápidos en el pecho”, “5000 piezas de ORO […] Una suma enorme, exagerada: con aquella suma cualquiera se podría comprar una casa o un caballo de raza con su establo si lo deseaba”, pues creo que el número, en esos casos, le da otro peso a la descripción y me sirve para crear imágenes mentales.

3. ¿De dónde viene la influencia para la creación del mundo de La última fracción o de la trama? ¿Qué libros, películas o series forman parte de la base?

Yo leía fantasía épica, y supongo que todo lo que uno lee, estudia o vive influyen en una obra. Supongo que mi recorrido por el género fue bastante tradicional. Partí por las crónicas de Spiderwick, Narnia, Las Crónicas de la Torre… Y por supuesto, El Señor de los Anillos, que sigue siendo el mejor libro del género en mi opinión y quizás el que más me ayudó a modelar la historia. Entre medio salió la serie de Juego de Tronos, que tuvo su influencia también. Sin embargo, creo que mi principal influencia es el manga y anime. Como, por ejemplo: Dragon Ball, Naruto, Bleach, One Piece… Luego aparecieron otros animes más cortos como Mirai Niki, Death Notes, Parasyte… Creo que todos ellos en distintas expresiones están en el ADN del libro que, de hecho, en un principio, pensé en hacerlo en formato comic. Creo que en La última Fracción, hay una manera de contar las batallas y enfocar a los personajes que son propias del anime.

4. Entrando al tema de los personajes, ¿de dónde viene la inspiración para Anígoran e Inaza? ¿Tienen partes que vengan de personas que conoces? 

Mentiría si dijera que sé en quienes están inspirados Anígoran e Inaza, o el resto de los personajes. Claro que uno puede reconocer aspectos de ellos en personas de mi entorno, al igual que del entorno de los lectores. Son personajes, están impregnados de experiencia y pensamientos. Algunos podrían decir que se asemejan a distintos personajes de ficción, pues poseen ciertos aspectos propios del mito, pero como la construcción de ambos personajes fue inconsciente, más que una respuesta sería una interpretación.

5. ¿Qué fue lo más difícil de La última fracción? ¿La construcción de mundo, la construcción de personajes, la historia, alguna otra?

Cuando empecé a escribir La última Fracción, tenía clara la historia y tenía los detalles del mundo lo suficientemente resueltos como para comenzar. La escritura duró aproximadamente cinco años y, por supuesto, con el tiempo, la historia fue mutando, pero siempre armoniosamente y rara vez tuve problemas con la trama. La escritura en sí se encargaba de que los personajes cobraran la importancia que merecían, sin que necesariamente yo le hubiera atribuido esa importancia en un principio. Entre imaginar, escribir, editar y publicar una historia, aunque mantiene una esencia, está en constante transformación. La construcción de una obra es un proceso muy dinámico y demandante. Dedicarle el tiempo que requería fue lo más complejo para la confección de La última Fracción, en esa época, yo estaba en el colegio y con los horarios que tenía era imposible escribir, por eso avanzaba sobre todo en vacaciones. Para que cunda, es necesario como mínimo tres horas diarias, durante varios días seguidos. Actualmente estoy escribiendo la segunda parte y con los tiempos de la universidad, también se vuelve difícil escribir.

6. Según tenemos entendido, La última fracción es la primera parte de una saga. ¿Ya te encuentras escribiendo la continuación? ¿Se puede saber algo?

Del segundo libro prefiero no adelantar mucho, puedo decir que mi objetivo es terminarlo más rápido que el primero. Además, si aún no leen La última Fracción, les puedo recomendar que se fijen bien en cuales son los personajes realmente estructurales, pues en ellos está la gracia del segundo tomo.

7. Finalmente, ¿a quiénes recomendarías leer La última fracción? ¿Quiénes crees que lo disfrutarían más?

El libro fue escrito desde los doce o trece años hasta los diecisiete, en esa época leía sobre todo fantasía épica. A los lectores de ese género creo que les encantaría esta historia. Supuestamente está orientado a gente de 15 años, pero después de publicarlo me he dado cuenta de que gente de todas las edades lo ha disfrutado de la misma forma.

No olviden que ya pueden encontrar La última fracción en todas las librerías del país y que cuenta con un precio aproximado de $11.900.

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