SINOPSIS: “Tron: El Legado” es una aventura de alta tecnología en 3D que tiene lugar en un mundo digital. Sam Flynn (Garrett Hedlund), un experto en tecnología de 27 años e hijo de Kevin Flynn (Jeff Bridges), investiga la desaparición de su padre y se encuentra metido en el mismo mundo de programas violentos y juegos de lucha donde su padre ha estado viviendo los últimos 20 años. Junto a la leal confidente del “creador”, Quorra (Olivia Wilde), padre e hijo se embarcan en una aventura a vida o muerte a través de un cyber universo que se ha hecho más avanzado y mucho más peligroso.

TÍTULO ORIGINAL: TRON: Legacy – TRON 2
AÑO: 2010
DURACIÓN: 125 min.
PAÍS: Estados Unidos
DIRECTOR: Joseph Kosinski
GUIÓN: Adam Horowitz, Richard Jefferies,
Edward Kitsis, Steven Lisberger
MÚSICA: Daft Punk
FOTOGRAFÍA: Claudio Miranda
REPARTO: Jeff Bridges, Garrett Hedlund, Olivia Wilde, Michael Sheen,
James Frain, Bruce Boxleitner, Beau Garrett, Serinda Swan
GÉNERO: Ciencia ficción / Acción

Qué programa más rico xD

Con un director novel y una producción llena de neones multicolores llega la secuela de la película de culto de 1982 “Tron”. En esta ocasión estamos frente a la continuación de la historia veinte años después de que Kevin Flynn entrara al mundo de Tron por vez primera y nos mostrara un mundo demasiado aventajado en idea para la tecnología visual de la época.

Flynn ha desaparecido y su hijo Sam quedó huérfano; un maestro del riesgo, dueño de la compañía que dejó su padre, pero aún sin el interés por manejarla, debido principalmente a la falta de la figura paterna por tanto tiempo. Pues Tron es una cinta de acción y ciencia ficción, pero centra sus argumentos sobre la relación padre-hijo.

Si no han visto la primera película, les informo que no se perderán con la historia, porque durante todo el desarrollo de “El Legado” aparecen flashbacks que explican lo necesario-que tampoco es demasiado- para comprender el estado de la situación actual.

La "13" en Tron 2

En el mundo de Tron reina el caos, los personajes que viven en él son ambiguos y fríos, perfectamente elaborados. Esto le da fuerza al hecho de que todos son “programas” y no “usuarios” -término interno para diferenciar a las aplicaciones virtuales de los humanos-, y que en la guerra que está en proceso no se puede confiar en nadie.

Uno de los pocos puntos negativos radica en Hedlund, que tiene la pinta y la fluidez verbal mínima que se necesita para un arquetipo de personaje principal de acción tan conocido. Pero en los momentos cúlmines –sobretodo en los dramáticos- su actuación es torpe e infantil, sin una pizca de profundidad. Por su lado Bridges –que no tiene un papel exigente- responde con una interpretación correcta, al igual de Wilde, encarnando a una fiel y decidida ayudante.

El guión, si bien con tanta acción y efecto visual para completamente a segundo plano, posee algunas fallas visibles de unión argumentativa, lo que queda más al descubierto en un desenlace abierto, sin explicaciones y con un clímax visto en cientos de películas.

Le faltó

Dentro de los aciertos nos encontramos con una banda sonora original, compuesta por Daft Punk, que no puede encajar mejor con la temática y las escenas de la película. Ritmos electrónicos cargados de tonos graves que realzan la grandilocuencia del relato y las escenografías virtuales que se muestran.

Como ya decíamos, la historia no es lo más importante en “Tron: El Legado”. Su aspecto visual está tan elaborado y posee una pomposidad y un brillo propio que pretende maravillar al espectador. La mayor parte de su desarrollo transcurre en el universo del videojuego, por lo que los efectos visuales son un punto fuerte en el desarrollo, y destacan con nota positiva, ofreciendo secuencias de acción dignísimas para el género.

También es muy destacable el modo en que gracias a las técnicas de maquillaje digital -en un gesto similar al de David Fincher en “El curioso caso de Benjamín Button”– se resucita para la pantalla la apariencia de Jeff Bridges de hace treinta años. Y es que el actor tiene dos “papeles” en esta secuela: Kevin Flynn y Clu. El primero, con la edad de ahora; el segundo, su avatar del reverso oscuro, que no ha envejecido un ápice respecto a 1982.

Ahora y antes... en la misma película

Esto sumado a la tecnología 3D, da como resultado un producto de altísima calidad técnica, con falencias de guión, pero muy entretenida, rápida y precisa en su desarrollo. Recomendada para pasar un buen rato en el cine, en función tridimensional.

Nota: 6/10.

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